Manipular la verdad no nos hace mejores, nos debilita

Manipular la verdad no nos hace mejores, nos debilita



Manipular la verdad

Manipular la verdad

La anterior publicación se salió de cauce

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No esperaba que la condolencia por la muerte de una niña asesinada pudiese tener mucho eco, pero se salió del cauce y se desbordó. Ha roto todo lo previsible: 142.000 veces compartido; 51.000 veces ‘me gusta’; más de 1.300 comentarios.

Una carta de pésame no menoscaba el combate de la mujer por su papel en la sociedad. No, de ninguna manera, porque tenemos memoria y esta era una sociedad asfixiante de todas las maneras en que es posible imaginarlo, para la mujer sobre todo aunque no solo para ella. La causa de la mujer es justa y nos hace falta su lucha. Pero alguien nos está volviendo locos. Por un pésame, por un simple mensaje de condolencia, llevo días esquivando insultos y amenazas, he perdido viejas amistades de Facebook. Si en lo público me han dicho de todo, por Messenger me han pateado. Aunque me han dolido más los silencios clamorosos de muchos a quienes tenía por buenas personas; silencio, no a mis penas que nada importan, sino al pésame por Yaiza.

Tras haber publicado el pésame por Olivia y Anna, las niñas de Tenerife, me sentí obligado a publicar otro por Yaiza, muerta en iguales circunstancias y con diferencia de días. De su caso supe por una gacetilla diminuta en un periódico y al buscar en Internet el resultado era un porcentaje tan ridículo en comparación con el de las otras niñas que sentí lástima y vergüenza. Tuve que dar la razón al padre de Yaiza, que se queja de que su niña a nadie le importa.

La información sobre quién era Yaiza, quién era su padre y quién era su asesina, estaba escondida porque, lo creamos o no esto se propicia por la ley y algunos medios de comunicación lo aplican a machamartillo. Según el manual (porque hay manuales de tan espantoso engendro), si el asesino es un hombre, lo sabremos todo de él y de la víctima; si la asesina es una mujer, se esconde todo. Se trata de que la empatía vaya siempre a la mujer y el odio siempre al hombre. En qué beneficia tal manipulación informativa a la mujer sólo cabe en una mente podrida, pero mentes podridas por los dogmas hay muchas. Por eso del caso de Olivia y Anna se dice que asesinato vicario y machista y del caso de Yaiza que suicidio ampliado.¿Se ve claro?

Manipular la verdad no nos hace mejores, nos debilita, no hará que esta sociedad avance y sea más próspera, más digna, más justa y decente, y no la hará menos violenta. Además de que termina enfrentando a unos con otros, es un esfuerzo estéril, puesto que la verdad acaba por salir a la luz y, en este mundo de las redes sociales, más pronto que tarde. Siempre están ahí los abducidos que creerán sólo aquello que quieren creer, pero los que no admitimos dogmas no aceptamos que el Estado nos diga qué es lo que debemos pensar, porque ya sabemos dónde termina eso. Tampoco necesitamos el oscuro paternalismo de ninguna organización subvencionada a la que nadie ha elegido. Necesitamos y exigimos la verdad, la información veraz, sin retorcimientos ni amaños, que nos permita extraer de ella nuestras propias conclusiones. Porque somos mayorcitos, porque es lo justo y porque tenemos derecho a ella como un bien fundamental de la convivencia. ¡Porque lo dicta la Constitución, carajo!

Tanto si fue una madre como si fue un padre quien puso fin a una vida inocente, no lo ocultemos, digámoslo así; averigüemos las causas, sepamos qué fue lo que confundió a esa persona, qué clase de puertas encontró cerradas, por qué no nos pidió ayuda antes de desatar el horror. Por ese camino podríamos intentar algún remedio basado en el conocimiento. Tal vez, y sólo tal vez, podríamos hallar un modo de evitar la muerte de otra mujer, o la de otro hombre. Tal vez algún día podríamos evitarnos el horror de otro inocente angelito muerto.

Para ayudar a la mujer, mejores beneficios nos aportarían más guarderías, más formación profesional de calidad, más ayuda médica, psicológica y social. Y un poco menos de chiringuitos subvencionados y vocerío.

Yaiza, un caso de insoportable hipocresía

Yaiza

Querida Yaiza, querida niña con nombre de princesa guanche:
a tus cuatro años de edad, el día 31 de mayo de 2021, en Sant Joan Despí, provincia de Barcelona, donde vivías, tu madre te asesinó para castigar a tu padre. Escribo estas líneas para pedirte perdón a ti, a tu desconsolado padre y a cuantos te conocían, porque no lo supe.

Diez días después de tu tragedia, hemos sabido que otra niña murió como tú: primero narcotizada y después ahogada; tú por una bolsa, ella en el mar. Qué ha tenido ella que tú no tuviste, me pregunto. De ella sí lo supe, sí lo seguí y sí me horroricé y por eso lo publiqué. Pero quedé en deuda contigo, con tu padre y los tuyos y con todos los niños que no hayan tenido quien los recordara en su dolor y su final.

Tu muerte no la supe porque a nadie le importó, no fue titular y apenas se mencionó de pasada en algún telediario. Tu muerte no importó a la inmensa mayoría de los periódicos. De ti no quiso saber ninguno de los directores de esos programas dedicados día y noche a retorcernos las entrañas con las muertes de Olivia y Anna, sin cesar, una y otra vez sin descanso, entre un paquete publicitario y el siguiente, escudriñando pormenores de sus vidas que nadie necesita saber. Tu muerte no importó a este presidente que se deshizo en condolencias cuando se confirmó la muerte de Olivia y que de ti nada supo. Tu muerte no importó a la reina consorte, que derramó lágrimas por Olivia y que de ti nada supo. Tu muerte no le interesó a una a quien pagamos enormes emolumentos por ser ministra de Igualdad y que de ti nada supo o nada quiere saber. Tu muerte no importó a esa multitud vociferante que se manifestó ayer, viernes, en las ciudades más importantes de España, entre los que nadie te mencionó porque de ti nada saben o nada quieren saber.

Yo te pido perdón, querida Yaiza. Publicaré esto donde publiqué lo otro. Algunos dejarán la condolencia, pero no igualarán a las del otro caso. No esperes que tu muerte importe lo mismo que las otras. Doler dolerá lo mismo, pero es que la tuya no vende. A esto lo llaman igualdad. A saber por qué.

Descansa en paz, querida niña Yaiza. Dale besitos a Olivia y Anna, que también son princesas como tú y vivían en esta tierra de las princesas guanches.

Los amores perdidos en Chicago

Los amores perdidos en Chicago

Supe que ya estaba Los amores perdidos en Chicago por esta reseña. Pese a que fue publicada en un perfil del Facebook, es la más completa hecha hasta hoy. La hace la Dra. Lucrecia Artalejo, especialista en Literatura Hispanoamericana, que fue profesora y es aún profesora emérita de la NE Illinois University.

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Sin duda, es el mejor análisis que he leído de Los amores perdidos, una novela repleta de homenajes a todos aquellos autores que en un momento u otro de la vida fueron para mí imprescindibles. Lucrecia Artalejo los ha hallado casi todos, en el texto donde los evoco. La primera es del Pascual Duarte de Camilo José Cela, que ella encontró. Aunque también hago clara referencia a Juan Rulfo y a Valle Inclán, que ella no menciona, sí que supo señalar la del García Márquez de El amor en los tiempos del cólera. Existe otra de éste autor por Cien años de soledad. Mi obsesión por Benito Pérez Galdos radica en la necesidad de dotar a los personajes de alma que tienen todos los suyos. Necesidad que Lucrecia Artalejo señala con precisión, reparando en lo que nadie más ha visto. Sin conocerme y si haber hablado nunca conmigo, hizo la apreciación de que las parejas de personajes de Rita Cortés y su hija Alejandra, y Francisco Minéo y Arturo Quíner, son personajes simétricos. Y encontró las pistas que dejé por el camino. Francisco Minéo y Arturo Quíner se sientan en una piedra a contemplar el mar; uno hace cajitas de madera para su amada, el otro escribe notas para la suya; es en esto en lo que son iguales, esta es la linea bisectriz de su simetría, en lo demás sus actitudes vitales son las opuestas. Uno, Francisco, se entrega a la desolación; el otro, Arturo, lucha; así como Rita se entrega a otros hombres, Alejandra se impone no hacerlo. Dije y lo repito que este trabajo de Lucrecia Artalejo es tan penetrante y certero que se antoja ciencia forense de la literatura. Invito a leerlo, no les defraudará.

La ceguera de quien no desea ver

La ceguera de quien no desea ver

Querida amiga independentista:

la ceguera de quien no desea ver sólo deja opción a la indiferencia. Por mucho que yo me desgañitara explicándote que el derecho a decir no existe, que es una falacia no reconocida en ninguna constitución ni país del mundo, que ni siquiera se reconoce en esa ridícula ley que Artur Mas (el que mueve los hilos), Puigdemont y los suyos se sacaron a modo de constitución. Por mucho que yo hablara de la corrupción de quienes están de verdad detrás de este espanto llamado proceso, que son Pujol y su familia, quienes sólo buscan escapar a la justicia que los persigue por el delito de haber saqueado a los catalanes durante décadas; por mucho que yo publicara aquí la referencia a miles de artículos con las opiniones de la gente más acreditada del mundo en defensa de los derechos humanos, la economía, el derecho internacional y la política; artículos sobre lo lesivo, lo arbitrario, egoísta, xenófobo, descabellado y lo sustentadas en el odio que son las pretensiones de los independentistas; tú no admitirías ninguna razón. Continuarías pensando igual, queriendo quitarme mi derecho a pisar en Barcelona como piso en mi tierra, aunque perdieras el derecho a pisar en mi tierra como pisas en la tuya. Continuarías deseando que nunca más catalán alguno hablara la lengua de 500 millones de personas, aunque perdieras la bicoca de ser el centro del mundo editorial en español. Continuarías deseando que un par de generaciones de catalanes se arrastraran por el desierto, porque en la otra orilla ya podrían beber todo el agua que quisieran, cuando en la orilla donde viven ahora ya tienen las máximas comodidades y beben toda el agua que quieren. Continuarías pensando que si Cataluña hoy tiene un nivel de vida superior al del resto de España es por la superioridad genética de los catalanes, no por la trasferencia de renta que por la vía comercial esa región extrae ahora, y ha extraído durante siglos, de las otras regiones de España. Continuarías pensando que ese viaje insensato no tendría coste alguno, que el mejor cliente de Cataluña, que es el resto de España, seguiría comprándote sin mirar la etiqueta; que ese cliente no se desharía en un estallido sangriento como pasó en Yugoeslavia, y que Europa seguiría siendo la que ahora es. Continuarías pensando que el pueblo catalán sólo es ese 40% independentista y que el otro 60% no es pueblo catalán sino charnegos manipulados por la odiosa prensa españolista. Como todo lo que yo dijera sería infructuoso, para qué voy a hacer esfuerzo en explicarme.

Nada más te digo. Las manifestaciones organizadas por los supremacistas, pagadas con dinero de todos los catalanes, tienen una diferencia con la manifestación de ayer, 29 de octubre de 2017, en Barcelona. En las manifestaciones de los independentistas no caben sino catalanes con marchamo del 40% estupendo. En la manifestación de ayer cabían todos los catalanes y cabíamos todos los que amamos a Cataluña y nos sentimos orgullosos de nuestros compatriotas catalanes. Por caber hubieran cabido hasta los del independentismo nefasto.

 

Hermann Hesse amor y espanto

Hermann Hesse amor y espanto

Hermann Hesse ya estaba en candelero desde que en 1946 recibiera el premio Nobel, pero a principios de los setenta, a raíz de una de tantas reediciones de El lobo estepario, se puso de furibunda actualidad. Fue por la época del LSD, de las florecillas en el pelo, del sexo con cualquiera bajo la etiqueta de amor libre, que no era amor, que tampoco era sexo y, por supuesto, tampoco era libre. Fueron los días de la más triste zozobra intelectual, aquellos en que cualquier obra de contornos imprecisos enseguida era tenida por sumun de la cosa artística, fuera cual fuese el arte o la rama en la que se hubiese perpetrado el engendro. Bastaba con que no se entendiera, o que fuese una fatuidad, para que cualquier imbécil con ínfulas de arcano cultural practicara sus mejores posturas de foto fija, sus poses de erudito, diera dos chupadas a la impenitente pipa y nos explicara con intrincados argumentos, la honda naturaleza froidiana, la profunda soledad representada por la ausencia del ente, el no ser conceptual, la soledad del objeto inane enfrentado a la desmesura del espacio, con que el autor retrataba su desafección existencial de indiscutible trasfondo nihilista. Y mientras usted oía la perorata se imaginaba a un tipo guarro en calzoncillos, trasnochado, resacado de porros y cubalibres, que con una mano sostenía la bolsa de hielo sobre la cabeza y con la otra atravesaba en lienzo con un pincel que dejó una raya chorreosa, que era lo que de verdad se veía en la tela.

Perdón por el desliz, que me he dejado llevar. Ese bosquejo es de la época, no de Hermann Hesse, que él sí que se lo curraba y era inocente de que unos cuantos petimetres lo tomasen de gallardete literario para darse pisto. De sus títulos, Demian fue mi favorito en los años de la adolescencia y me ayudó a caminar aquel importante trecho de la vida. Por supuesto, yo como tantos, había llegado a Hermann Hesse a través de Shidarta, y quedé convencido de que era mi autor con El viaje hacia oriente y El juego de los abalorios. Sin embargo, me dejó descolocado El lobo estepario, pese a lo cual compre cuatro tomos con sus obras completas, que siguen en mi biblioteca en buen estado de conservación. Para mi desgracia, Hermann Hesse provocó el más inapelable de mis axiomas como lector: enviar al fondo del infierno el libro sospechoso de ser un plomo, en cuanto se descubre que lo es.

Lo explicaré. Francis y Golmund fue para mí como haberme caído en un tonel de melaza, densa, pegajosa, plúmbea, compacta, opresiva, asfixiante; tanto que todavía hoy me provoca pesadillas. Lo intenté, lo intenté hasta el final; a duras penas conseguí terminar aquella pasta indigesta. Es Hermann Hesse, me dije; me ha dado algunos buenos libros, me dije; merece otra oportunidad, me dije; además, has invertido un dineral en esos cuatro tomos de sus obras completas, me dije. Y terminé sometiéndome a la tortura de Bajo la rueda. Y no pude. Ya no pude. Abandoné tan escarmentado que desde ese día nunca he podido leer nada de Hermann Hesse. Siento decirlo, pero cuando he querido regresar a él, incluso a aquellos títulos suyos de mi colección de favoritos, no he conseguido reencontrarme con ellos y he tenido que desistir. Pero en eso sí creo tener una poderosa razón, que deja a Hermann Hesse a salvo de mí desvarío, y a mí  a salvo de la desproporción. La cosa es que no insisto en releer esos libros porque temo perder la hermosa impronta que me dejaron en el alma.

Memoria, cuento dedicado a Fuenteovejuna, el pueblo y su gente

Memoria, cuento dedicado a Fuenteovejuna, el  pueblo y su gente

A los dieciséis, la principal preocupación tendría que haber sido aprobar las Matemáticas, releer  y tomar notas de los textos de Historia  y Literatura, memorizar la Tabla Periódica y practicar ejercicios con las fórmulas que con seguridad caerían en el examen de Física. Sin embargo, a esa edad mi preocupación era mucho más perentoria. Con una cizalla enorme, troceaba hierros  que después debía doblar en curvas muy precisas y amarrar con alambre para fabricar armazones de encofrado. Mi  atención estaba puesta en no equivocarme, para evitar la humillación de la pública reprimenda a gritos del contratista, y mi preocupación consistía en saber si el sábado a mediodía podría llevar a casa el exiguo salario acordado o tendría que contentarme con una propina y una promesa que no siempre se cumplía. De modo que al escribir sobre cualquier tema, no me asiste el recurso de lo aprendido en los años más importantes de la vida. Tengo que acudir a mis vivencias, a mis miedos  y paranoias, a lo que llevo aprendido de la vida, a lo que he leído al tuntún, sin el consejo ni la pauta de un profesor. Es decir, que para escribir necesito escudriñar, no tanto en la memoria como en los recovecos de mi  alma. Lo digo sin congoja. De haber tenido algún pesar sobre ese particular, me lo habría conjurado Ernesto Sábato con esta cita suya:

La gente cree que un escritor es un personaje que anda con una libreta de apuntes, tomando nota de la bondad y la maldad ajenas. No, un escritor busca en su propio corazón. Y si no puede hacerlo, mejor que se dedique a otro oficio.

El preámbulo viene a cuento de esta humilde colaboración, porque cuando me pidieron hacerla  volví al eterno dilema de elegir algo que contar. Mi primera mirada exploró los recuerdos de Córdoba, por cuya ciudad apenas he pasado un par de veces, y lo hice a la carrera, pero que siento mía, pues he tenido la fortuna de compartir la mitad más feliz y fecunda de mi vida con una mujer nacida y criada en Córdoba. Y claro, pasaron ante mí las figuras de nuestros clásicos de origen cordobés. Pero qué podría decir de ellos aquel muchacho que retorcía y amarraba hierros mientras debía estar estudiando sus vidas y sus obras. No era de ellos de quien pudiera ni debiera hablar. Una vez más, escruté la hondura del  pozo interior del que les hablaba, en busca de una idea sobre la que escribir. Nada encontré. Entonces, pronuncié una palabra y un eco profundo me la devolvió investida de una reverberación mística. Fuenteovejuna, había dicho. Fuenteovejuna, resonó en la mente el coro de mil voces, alejándose hasta desvanecerse en el infinito de la memoria, donde ya no me era posible recordar.

Memoria, cuento dedicado a Fuenteovejuna, el pueblo y su gente

Estoy por decir que no me pasa sólo a mí. Si me apuran, desafío  a cualquier persona nacida en nuestro contexto cultural, a que me diga cuándo fue que oyó pronunciar por primera vez ese nombre. De la misma manera que nadie enseña a un bebé a mamar, a llorar o reír, a agarrarse al pelo y la mano de su madre, a distinguirla a ella entre todas las personas, cabe pensar que decenas, quizá cientos o miles de palabras, se conocen desde antes de nacer, transferidas de las madres a los hijos por el conducto de la sangre. Que por esa causa afortunada, aprendemos a hablar la lengua que ella nos enseña sin apenas darnos cuenta. Cabe entonces suponer que el nombre de Fuenteovejuna,  es uno de nuestros rasgos identificativos más claros como grupo humano, porque lo llevamos tan dentro como la facilidad para pronunciar la erre o la de pararnos a hablar del tiempo y de lo que se tercie con cualquier desconocido. Tan nuestra, y ya tan larga, es la historia de este nombre, del que nunca llegamos a saber si es una sola palabra o son dos, y si debe escribirse con b o con v, que hemos acordado que cualquiera de las cuatro posibilidades es correcta: una palabra o dos palabras, da igual si escritas con ‘b’ o ‘v’.

Ya tenía mi tema para escribir. Sería un cuento que tuviese como fondo el nombre de Fuenteovejuna. Lo titularía ‘Memoria’. Habría de ser una historia de infamia y debía escribirla intentando trasladar a ella la resonancia mágica que en aquella hora la palabra Fuenteovejuna provocó en mí. Por supuesto, lo dedicaría con devoción a la gente y al pueblo de Fuenteovejuna. Un pueblo que desde antes de que naciéramos era y será siempre nuestro pueblo.

Memoria

Un lugar sobre el arcoíris, cuento de Miguel de León

Un lugar sobre el arcoíris

Plaza & Janés, Grupo editorial Penguin Random House


Plaza & Janés, Grupo editorial Penguin Random House

Un lugar sobre el arcoíris

Un lugar sobre el arcoíris

Un lugar sobre el arcoíris, cuento de Miguel de León, relata un primer amor que tuvo como escenario la ciudad de La Laguna. Ni ella ni él han cumplido veinte años y pertenecen a mundos opuestos: él proviene de una familia muy pobre y ella a una bien situada. Se conocen por casualidad; es ella la que le pide encontrarse con él, que queda deslumbrado por sus modales de niña bien, su vitalidad y su pasión por la ciudad y su amor a los arcoíris. Ella se entrega a él, apenas sin conocerlo, y viven la tarde más pasional de sus vidas, a pesar de que ya saben que al despedirse nunca más volverán a verse.

Cuando él regresa a la ciudad, tras una ausencia de varias décadas, el recuerdo de aquella joven se ha hecho uno con el de todos los rincones que fueron testigos de su tarde de amor. Los recorre cada día presintiéndola en todos ellos. Una noche la ciudad consigue descubrir un secreto que guarda para él y que lleva queriendo decirle desde el día de su regreso.

El Collado de la Marquesita, relato de misterio de Miguel de León

El Collado de la Marquesita

Plaza & Janés, Grupo editorial Penguin Random House

El Collado de la Marquesita

El Collado de la Marquesita, novela corta de Miguel de León

En esta novela corta, El Collado de la Marquesita, el autor, Miguel de León Jorge, vuelve a mezclar lugares y hechos reales con lugares y hechos imaginarios, para narrarnos una historia de misterio y de desgarrado amor. De nuevo lo hace dibujando un entorno de ensueño, y con la prosa ágil, sin rebuscamientos ni concesiones, con la que consigue involucrarnos en las peripecias de sus personajes, a los que también aquí llegaremos a amar u odiar, en ocasiones ambas cosas al mismo tiempo.

En un pueblo imaginario al norte de la isla de Tenerife, al que llama Collado de la Marquesita, que da título al relato, en una casa emblemática para los habitantes, aparecieron hace más de veinte años el cadáver de un hombre y de su hija. Él es el heredero del título de marqués que da nombre al lugar. No es rico sin llegar a ser pobre. Todo apunta a que, atormentado por la reciente separación de su mujer, mató a la niña y se suicidó.

Los cadáveres yacen en la cripta familiar, en la propia casa, donde cada domingo acude la madre de la niña para visitar la tumba de su hija.

Damián, el vigilante de la casa, descubre un día una misteriosa mancha en la losa sobre la cripta, que recuerda mucho a un dibujo que había hecho la niña en vida y trata de limpiarla, sin conseguirlo, porque reaparece con más fuerza. El misterio no se desvelará hasta el día en que Damián encuentra algo que debe entregar a la madre de la niña.

¿Cúal es ese misterio? ¿Qué significa la mancha imborrable en la losa? Y, sobre todo, ¿qué oscuro relato esconden las muertes del padre y la hija?

Books & Cia., 6-06-2016

En esta historia, vuelve a ser poco importante el tiempo y el lugar pues en la narrativa de Miguel de León lo que prima [] son las emociones, los recuerdos, los dolores del pasado y los dictados del corazón, por eso sus personajes son tan humanos y cercanos [] nos llenan tanto y resultan difíciles de olvidar. [] la prosa de Miguel de León es mágica. Tiene la habilidad de dejar al lector enganchado a una frase que por bella, resulta casi obligatorio volverla a leer hasta casi memorizarla, consigue abstraernos, introducirnos [] en la trama. [] he vuelto a disfrutar muchísimo de esta breve historia, conmovedora y tierna

lista de reseñas
Bokeaando con Mángeles, 12-05-2016

Hay plumas que tienen esa capacidad de abstraernos y arrastrarnos a vivir las historias que nos cuentan. La de Miguel de León es una de ellas. Este relato, me ha durado un viaje en tren hacia el trabajo y una pequeña parte del tiempo del desayuno. Cuarenta y dos páginas pueden parecer pocas. Yo misma habría dicho que no se pueden perfilar bien los personajes, de hecho siempre lo digo, que con los relatos me falta algo, me dan la sensación de historias incompletas. Sin embargo, ahí estaba yo con Damián, recordando la historia del marqués y esa pequeña tan dulce y… las lágrimas luchando por salir. El camarero, al que conozco, se acerc

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Entrevistas de promoción de Los amores perdidos

Entrevistas de promoción de Los amores perdidos, febrero y marzo de 2016

Como empezamos a tener seguidores que nos han pedido enlaces a las apariciones en los medios de comunicación, muchas, en Canarias y la Península. Dada la imposibilidad de enumerarlas una a una en entradas separadas, mostramos aquí una referencia de las entrevistas de promoción de Los amores perdidos, durante los meses de febrero y marzo. Faltan muchas pero sí  que están las más importantes.

Se celebraron durante los meses de febrero y marzo, en Canarias y la Península. En un recorrido en el que se visitó el espacio cultural de la librería Santos Ochoa en Logroño, donde Alberto Marcos y yo tuvimos un encuentro entrañable con el club de lectura y firma de libros.

Durante las próximas semanas continuarán saliendo entrevistas que aún no han sido publicadas.

No es verdad lo que dicen algunos en sus artículos, no tengo 60 años. Al menos todavía. Eso no sucederá hasta el 14 de octubre de 2016. De momento tengo la adolescente edad de 59 años, casi recién cumplidos. Por cierto, es una edad que no está nada mal.

Entrevistas de promoción:

15 feb Prensa Canarias en positivo
15 feb Prensa La Opinion de Tenerife
15 feb Prensa Canarias Cultura
15 feb Prensa Creativa Canaria
16 feb Radio Canarias 3 Punto Cero
16 feb Televisión RTVE, Programa Más Canarias, empieza a partir de minuto 7
17 feb Radio RNE, Canarias Mediodía, Sergio de la Rosa
19 feb Prensa Diario de Avisos, Suplemento de cultura, Eva Castillo
20 feb Prensa Diario de Avisos, Juan Francisco Delgado
22 feb Prensa Booksandcompanies, Marisa González
24 feb Radio La Rioja en la onda, Cecilia Romero, min:1:14:44
24 feb Prensa Heraldo, Pedro Zapater
25 feb Prensa La Provincia
25 feb Prensa Zaragoza buenas noticias
25 feb Prensa Onda Madrid, Aquí no hay Playa, Carlos Honorato y Paloma Nolasco
26 feb Prensa TodoLiteratura.es, fotos de la rueda de prensa en Penguin Random House
26 feb Prensa Siempre en medio
26 feb Prensa Paperblog
26 feb Prensa Canarias 7, EFE
26 feb Televisión Popular TV La Rioja, Víctor Zarrumero
28 feb Prensa El Día, Juan Cruz Ruiz
28 feb Prensa El Escobillón
29 feb Prensa RNE, Radio Nacional de España, Biblioteca Pública, Manuel Sollo, Sevilla
08 mar Prensa Sponnful magazine, ocio y cultura, Javi Muro
13 mar Prensa Diario de Avisos. El perseguidor, Eduargo Garcia Rojo
13 mar Prensa Canarias 7. Cultura, L. del Rosario
Club de Lectura Librería Santos Ochoa de Logroño

Club de Lectura de la libreria Santos Ochoa de Logroño, con el editor Alberto Marcos.

2016-02-24 19.46.31 2016-02-24 20.38.32

Entrevistas de promoción de Los amores perdidos

Encuentro con la prensa en Penguin Random House, Madrid, con mi editor Alberto Marcos.

Entrevista de Marisa González, Sevilla

Entrevista de Marisa González, Sevilla

Entrevista de Marisa González, SevillaFue una entrevista muy particular, tanto por el medio para el que se realiza, una bitácora de lectores donde no hay trampa ni cartón, como por la persona que me la hizo. La entrevista de Marisa González, Sevilla, febrero de 2016, fue un momento mágico como ella relata en su presentación. Fue calurosa en el trato, rigurosa y franca en las preguntas. Al estrecharme la mano vi en su sonrisa que estaba disfrutando de mi novela Los amores perdidos, a pesar de que no había terminado de leerla, según confesó. Hubiéramos podido estar toda la tarde conversando de literatura o de cualquier otra cosa. La he recordado casi a diario por el buen sabor de boca que me dejó. Mejor ir a su página y leerla allí, de sus palabras.

Pulsa para acceder a la entrevista en el original