ArtículosLa verdad y la falacia
Verdad y falacia, Miguel de León

La verdad y la falacia

Supuesta anécdota sobre Louis Pasteur
Dicen que dijo Louis Pasteur que un poco de ciencia aleja de Dios, pero que mucha ciencia acerca a él. Falacia de autoridad. Una falacia es siempre una falacia.

Se cuenta en Internet la historia de dos hombres desconocidos que viajan en un tren. El hombre de más edad lee la Biblia y el joven le recrimina que lo haga y le recomienda libros de Ciencia, Historia y Filosofía.

Además de lo inverosímil de la situación, por la intolerable injerencia del joven en los gustos del hombre de más edad, se ve desde lejos que la historieta nos arrastrará a donde nos quiere llevar. El hombre mayor se defiende pidiéndole al joven que le envíe libros y documentación científica a la dirección que figura en una tarjeta que le entrega en ese momento. Dice el cuentito de Internet, escrito en un estilo tan pobre que no me atreví a copiarlo como cita, que el señor de más edad era nada menos que Louis Pasteur.

Lo he traído aquí porque es un magnífico ejemplo de la «falacia de autoridad». En este caso funciona así: si un hombre de tantísimo prestigio científico como Louis Pasteur leía la Biblia, esta debe ser tenida por fuente de conocimiento. Lo que nos puede llevar a la siguiente afirmación sin fundamento alguno: Si la Biblia es fuente de conocimiento y la Biblia habla de «Dios», entonces la existencia de «Dios» queda demostrada.

Pero ¿por qué pararse? ¿por qué no continuar teniendo una tierra tan fecunda? Si  «Dios» existe, ¿querría «Dios» que alguien argumentase en su contra, discutiera su existencia,  lo pusiera en duda? Seguro que no. Por tanto alguien debería poner orden en semejante dislate. Llegados a este punto,  cabe preguntarse quién es el indicado para interpretar sus deseos. La respuesta sólo puede ser una. A tal dignidad sólo debe aspirar el que más cree, el que menos discute la existencia de «Dios». Sólo ese profeta podrá decidir quién es creyente y a quién cabe incinerar en la hoguera por herejía.

En resumen, bien haremos los mortales en no dejar que se emponzoñe la ciencia con creencias, en no dejarnos embaucar por falacias, ni la de autoridad ni ninguna otra. En cuanto a conocimiento nos falta mucho, pero ya empezamos a ser mayorcitos, ya distinguimos cuándo se nos quiere hacer comulgar con ruedas de  molino.  

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Los libros, principio y fin.
A los que leí debo lo que soy; en los que he escrito está lo mejor de mí; los que quisiera leer y escribir, darán sentido a lo que me quede de vida.